El Pacífico se está calentando a un ritmo poco habitual y los científicos piden prepararse desde ahora. El Niño de 2026 ya rompió registros y podría convertirse en uno de los eventos más intensos observados hasta hoy.
El Niño todavía no alcanza su punto máximo y ya está haciendo historia.
Durante septiembre, la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4, una de las zonas utilizadas para medir la intensidad del fenómeno, superó los récords diarios registrados durante el poderoso El Niño de 2015-2016.
El 21 de septiembre, la anomalía llegó a 3.11 °C por encima del promedio. Lo extraordinario no es solamente la cifra, sino el momento en que apareció: los episodios de El Niño suelen alcanzar su mayor intensidad entre noviembre y enero.
Eso significa que todavía podría fortalecerse durante los próximos meses.
Los modelos climáticos analizados por Carbon Brief apuntan a un posible pico cercano a los 4.1 °C hacia finales de 2026. Sin embargo, los especialistas advierten que existe una dosis importante de incertidumbre: nunca se ha probado la precisión de estos modelos frente a un fenómeno de esta magnitud.
Algunos científicos consideran que este episodio podría terminar entre los más intensos de varios siglos.
La comparación surge, en parte, de investigaciones que permiten mirar mucho más atrás que los registros meteorológicos modernos. A través del análisis de corales de las islas Galápagos, investigadores han reconstruido aproximadamente mil años de variaciones de El Niño.
Estos estudios muestran que los eventos registrados durante las últimas décadas se han vuelto considerablemente más intensos que los ocurridos antes de la industrialización.
Eso no significa que ya pueda declararse oficialmente al fenómeno de 2026 como “el más fuerte en mil años”. La NOAA utiliza promedios de varios meses para clasificar estos eventos y todavía espera más datos antes de determinar su magnitud definitiva.
Por ahora, mantiene una probabilidad superior al 90% de que se convierta en un El Niño muy fuerte durante el otoño e invierno de 2026-2027.
El Niño ocurre cuando una extensa zona del Pacífico ecuatorial se vuelve más cálida de lo habitual. Ese cambio modifica corrientes atmosféricas y patrones de lluvia a miles de kilómetros de distancia.
Sus efectos tampoco son iguales en todas partes.
Dependiendo de la región, puede favorecer sequías, lluvias intensas, temperaturas inusuales, temporadas de incendios más complicadas o afectaciones en las cosechas. Además, su influencia sobre la temperatura global suele sentirse varios meses después de que el océano alcanza su punto máximo.
Por eso, una de las principales preocupaciones está puesta en 2027, cuando podría sentirse con mayor fuerza el impacto del actual calentamiento del Pacífico.
Ante este panorama, científicos y organizaciones están pidiendo que los gobiernos no esperen a que aparezcan los primeros efectos graves para reaccionar.
La idea es incorporar desde ahora los posibles escenarios de El Niño en planes de protección civil, agricultura, suministro de agua, incendios, salud pública e infraestructura.
Todavía es imposible saber exactamente qué tan intenso será este episodio o cómo afectará a cada región. Pero una cosa sí comienza a quedar clara: el El Niño de 2026 ya salió de lo habitual y todavía le quedan algunos de sus meses clave por delante.