Durante años fue una rareza de foros y TikTok. Hoy el romantasy mueve casi mil millones de dólares en Estados Unidos y domina las mesas de las librerías. Aquí te contamos de dónde salió, por qué engancha tanto y qué le critican los más escépticos.
El romantasy es un híbrido: fantasía con romance, donde la historia de amor no es un adorno, es el motor. Hay magia, cortes, profecías y criaturas, sí, pero lo que mueve la trama son dos personas que se desean, se hieren y se eligen. Quita la historia de amor y el libro se cae; quita el mundo mágico y el amor no tiene dónde vivir.
La palabra es un acortamiento de romance y fantasy, y ya tiene entrada propia en diccionarios como el Merriam-Webster. En 2024, el Collins la incluyó entre sus palabras del año. No es un capricho de internet: es una categoría con identidad propia.
Antes de llegar a las mesas de las librerías, el romantasy vivió años en los márgenes: foros, blogs, comunidades de lectoras adolescentes y plataformas como Wattpad, donde mucha gente escribía sin pensar en publicar. TikTok lo convirtió en una máquina de recomendaciones. Un video de 30 segundos con una reacción exagerada puede vender más que una campaña entera.
De ahí también salió el fanfiction. Hay novelas que hoy son fenómenos globales y que nacieron como historias de fans, reescritas después para quitar cualquier rastro de sus personajes originales. El caso más famoso es Alchemised, de SenLinYu, que empezó como un relato publicado en línea y hoy tiene contrato para llevarse al cine.
Según Circana, las ventas de romantasy en Estados Unidos rozaron los mil millones de dólares en 2025. Un año antes, Bloomberg calculaba 610 millones, un 34% más que en 2023. En Reino Unido, el sello de ciencia ficción y fantasía, empujado por este género, pasó de un promedio de 36.4 millones de libras antes de 2019 a casi 100 millones proyectados para 2025.
El récord más citado es el de Alas de ónix, de Rebecca Yarros: 2.7 millones de copias en su primera semana, el lanzamiento adulto más veloz en 20 años según Circana BookScan. En España vendió más de 120 mil ejemplares en menos de una semana.
Dos nombres mandan. Rebecca Yarros, con su saga Empíreo (Alas de sangre, Alas de hierro, Alas de ónix), lleva más de 12 millones de copias vendidas solo en Estados Unidos. Sarah J. Maas, autora de Una corte de rosas y espinas, superó los 75 millones de libros vendidos en todo el mundo y en 2026 anunció dos novelas nuevas de esa misma saga.
Alrededor de ellas hay un ecosistema entero: autoras como Carissa Broadbent, cuyos Reinos de Nyaxia ya pasaron los dos millones de ejemplares, sellos que nacieron solo para este público y ediciones especiales con cantos pintados que se agotan en preventa.
En las comunidades lectoras, el nivel de sexo se mide en "spice": de una a cinco guindillas. Es una escala informal, pero funciona como guía para saber qué esperar. Yarros está en lo más alto; otras autoras apuestan por el llamado low spice, con menos escenas explícitas y más tensión. Hay opciones para todos los gustos y eso también explica su alcance.
No todo es celebración. Se le reprocha la repetición de fórmulas (chico poderoso y peligroso, chica con un poder oculto, pasado traumático), la calidad desigual de una avalancha editorial que publica rápido y depura poco, y la normalización de relaciones intensas que coquetean con lo tóxico. También hay quien cuestiona el contenido sexual en libros que leen adolescentes.
Aun así, algo está logrando: gente que no leía volvió a comprar libros, se formaron comunidades alrededor de la lectura y las ferias del libro se llenaron de público joven. En México, el MOLEC 2025 del INEGI ya mostraba que las personas de 12 a 24 años son el grupo que más lee.
Porque detrás de los dragones hay algo muy reconocible: alguien que no encaja, que descubre de qué es capaz y que se enamora con miedo. El romantasy no inventó el desamor, solo le puso alas. Y en un año en el que la lectura juvenil crece, eso no suena a moda pasajera.