Freno a los eléctricos: GM sale del proyecto y Samsung se queda con la fábrica

Esta semana, dos movimientos multimillonarios muestran cómo está cambiando la apuesta tecnológica. General Motors se repliega del negocio de baterías mientras Samsung SDI toma el control de una fábrica clave en Estados Unidos, e Intel recurre al mercado para levantar hasta 20,000 millones de dólares y financiar su regreso a la primera línea de los semiconductores.

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GM y Samsung

 

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La carrera por dominar las baterías acaba de cambiar de dirección. General Motors (GM) venderá a Samsung SDI su participación del 49.99 % en una planta ubicada en New Carlisle, Indiana, terminando la empresa conjunta que ambas compañías habían creado para fabricar baterías para vehículos eléctricos. El proyecto contemplaba una inversión de aproximadamente 3500 millones de dólares, una capacidad inicial de 27 gigavatios-hora (GWh) y la posibilidad de alcanzar hasta 36 GWh, además de generar más de 1600 empleos.

La decisión tiene una explicación sencilla: el mercado de autos eléctricos en Estados Unidos no está creciendo al ritmo que los fabricantes esperaban. La planta incluso había pausado su construcción mientras ambas compañías revisaban sus planes ante una demanda menor a la prevista. Ahora, Samsung SDI tomará el control total del proyecto y podrá adaptar la instalación a diferentes mercados, incluyendo los sistemas de almacenamiento de energía (ESS).

Y aquí aparece lo verdaderamente interesante: las baterías están dejando de ser solamente «el tanque de gasolina» de los autos eléctricos; los centros de datos, las redes eléctricas y las energías renovables necesitan almacenar electricidad, especialmente en un momento en que el consumo energético de nuevas tecnologías continúa aumentando. Por eso, Samsung SDI no necesariamente está comprando una fábrica para apostar únicamente por los autos: está adquiriendo infraestructura que puede servir para un mercado energético mucho más amplio.

Los números de la compañía muestran por qué este cambio de estrategia importa. Samsung SDI cerró el 2025 con ingresos de aproximadamente 9280 millones de dólares, aunque registró una pérdida operativa cercana a los 1200 millones. Sin embargo, el negocio de almacenamiento energético comenzó a mostrar señales de recuperación: durante el cuarto trimestre de 2025, sus ventas de baterías ESS alcanzaron un récord y ayudaron a reducir considerablemente las pérdidas.

En el primer trimestre de 2026, Samsung SDI registró ingresos por aproximadamente 2430 millones de dólares, un crecimiento del 12.6 % anual. Más importante todavía, su pérdida operativa cayó un 64.2 %, hasta unos 106 millones de dólares, y la compañía volvió a registrar una utilidad neta de aproximadamente 38 millones de dólares.

Además, Samsung SDI ya consiguió un contrato de aproximadamente 1000 millones de dólares para suministrar baterías de almacenamiento energético en Estados Unidos entre 2026 y 2029. Es decir, mientras el mercado de vehículos eléctricos se enfría, la compañía está encontrando otra fuente de demanda.

Para GM, vender su participación significa reducir exposición a una inversión que hoy no necesita a toda su capacidad. Para Samsung SDI, significa quedarse con una fábrica de 3500 millones de dólares y la libertad de decidir cómo utilizarla.

Y hay un detalle importante: aunque esta sociedad termina, ambas compañías continuarán colaborando en el desarrollo de baterías prismáticas de próxima generación para posibles vehículos eléctricos.

La historia, entonces, no parece ser el final de la apuesta por las baterías. Es una reconfiguración.

Porque quizá la pregunta ya no sea cuántos autos eléctricos se venderán, sino cuánta electricidad necesitará almacenar el mundo. Y si las baterías terminan convirtiéndose en una pieza fundamental de la nueva infraestructura energética, ¿quién estará mejor posicionado para quedarse con ese mercado?

Intel busca US$20,000 millones para volver al baile de los chips

Intel (INTC) acaba de hacer un movimiento que revela hasta dónde está dispuesto a llegar para recuperar terreno en la industria de semiconductores. La compañía anunció una colocación de acciones que inicialmente sería de $15,000 millones de dólares, pero terminó ampliándose hasta aproximadamente $20,000 millones. El dato que más llamó la atención fue la demanda: las órdenes de los inversionistas habrían superado los $100,000 millones.

La operación contempla la emisión de unos 210.5 millones de acciones a $95 dólares cada una. Intel aprovecha así el fuerte repunte de su acción durante 2026 para conseguir capital en un momento clave para su estrategia.

¿Para qué necesita tanto dinero?

La compañía busca recuperar terreno frente a fabricantes como TSMC (TSM) y Samsung Electronics (005930.KS), principalmente mediante su negocio de fabricación de chips para terceros, conocido como foundry. También está destinando recursos al desarrollo de procesos avanzados como 18A y 14A.

Ese plan exige inversiones enormes. Intel elevó su estimación de gasto de capital para 2026 de unos $18,000 millones a más de $20,000 millones de dólares, impulsada en parte por la creciente demanda de infraestructura para inteligencia artificial. Además, anunció una expansión de aproximadamente $5,770 millones en Irlanda.

Para los accionistas, la emisión tiene un costo: más acciones en circulación significan una posible dilución. La apuesta es que ese capital termine convertido en capacidad productiva y nuevos ingresos.

Intel incluso cuenta con Tesla (TSLA) como cliente confirmado para su proceso 14A, mientras busca atraer a otras grandes tecnológicas.

Intel no está simplemente levantando dinero: está financiando su oportunidad de volver a competir entre los gigantes de los chips.

La pregunta para los inversionistas es: ¿estamos ante otra enorme apuesta de Intel o frente al inicio de una nueva etapa capaz de devolver al gigante estadounidense al lugar que alguna vez dominó?


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