Algo cambió en la carta de bebidas
Durante años, quien no quería beber alcohol tenía un menú bastante predecible: agua mineral, refresco, limonada y, con suerte, algún coctel preparado sin el licor. En muchos lugares, pedir una bebida sin alcohol significaba simplemente quitarle una parte a algo que había sido diseñado para llevarla.
Eso está cambiando. Cada vez aparecen más mocktails creados como bebidas completas, cervezas y vinos sin alcohol, aperitivos 0.0 y alternativas a los destilados tradicionales. Incluso algunos restaurantes ya les dedican una sección propia de la carta.
Y el mercado está creciendo. IWSR estima que el volumen global de bebidas que imitan categorías alcohólicas pero prescinden del alcohol creció alrededor de 9% durante 2025 y proyecta un aumento de 36% entre 2024 y 2029.
Un mocktail ya no es un coctel al que le quitaron el alcohol
Parte del cambio tiene que ver con la bebida misma. Los primeros mocktails solían apoyarse demasiado en jugos, jarabes y refrescos, lo que podía convertirlos en opciones mucho más dulces que un coctel convencional.
La nueva generación intenta jugar con las mismas herramientas de la coctelería: ingredientes amargos, ácidos, especias, hierbas, fermentos, tés, frutas, infusiones y distintos tipos de textura. También existe una oferta creciente de productos creados específicamente para sustituir algunos elementos del bar tradicional.
Por eso la experiencia puede acercarse mucho más a pedir un coctel: hay cristalería, hielo, garnish, aromas y una receta diseñada para evolucionar mientras se bebe. La ausencia de alcohol deja de ser la característica principal y se convierte simplemente en una condición de la bebida.
Beber menos no necesariamente significa dejar de beber
Uno de los datos más interesantes del crecimiento de esta categoría es que sus consumidores no necesariamente son personas que abandonaron por completo el alcohol.
Según NielsenIQ, 92% de los compradores estadounidenses de productos sin alcohol también compra bebidas alcohólicas. Es decir, buena parte del fenómeno tiene más que ver con moderar y alternar que con sustituir definitivamente una cosa por otra.
Una persona puede tomar una cerveza convencional un viernes, elegir una 0.0 entre semana o alternar un coctel con un mocktail durante una misma noche. Esa posibilidad está creando un territorio intermedio entre “tomar” y “no tomar” que durante mucho tiempo apenas existía en las cartas.
También ayuda a explicar por qué la tendencia no se limita a iniciativas como Dry January. En 2025, el volumen total de bebidas alcohólicas cayó por tercer año consecutivo a nivel mundial, mientras las categorías sin o con poco alcohol estuvieron entre las excepciones que continuaron creciendo.
El restaurante también tuvo que ponerse al día
Salir a cenar tiene tanto que ver con lo que bebemos como con lo que comemos. Una copa de vino, una cerveza o un coctel funcionan como parte de la experiencia, desde el momento de revisar la carta hasta brindar con quienes están en la mesa.
Por eso ofrecer solamente agua o refresco a quien decide no tomar alcohol deja un hueco evidente. Los restaurantes comenzaron a llenarlo con bebidas que permiten participar de la misma experiencia sin necesidad de consumir alcohol.
En una encuesta de OpenTable, 40% de los estadounidenses dijo haber notado un aumento en las opciones sin alcohol disponibles en bares y restaurantes durante los cinco años anteriores. La plataforma también encontró que 47% tenía interés en beber menos alcohol durante 2025.
La diferencia está en poder abrir una carta y elegir entre varias opciones, en vez de tener que preguntar qué pueden preparar “sin”.
Salir sin alcohol también tenía un problema social
Hay otra razón por la que importa lo que aparece dentro del vaso: tomar siempre ha tenido un componente social.
Una bebida funciona como parte del ritual de reunirse, pedir algo, levantar el vaso y quedarse conversando. Durante mucho tiempo, rechazar el alcohol podía venir acompañado de preguntas: “¿por qué no estás tomando?”, “¿mañana trabajas?” o “¿estás manejando?”.
Cuando sobre la mesa hay una bebida que visualmente ocupa el mismo lugar que cualquier otro coctel, esa diferencia puede resultar menos importante. No hace falta justificar demasiado lo que estás tomando.
Y eso también modifica la idea de que una noche tiene dos posibilidades: beber alcohol o quedarse en casa. Puedes salir al mismo bar, sentarte con los mismos amigos y participar del mismo plan eligiendo otra cosa.
También estamos aprendiendo a pagar por ellos
Quizá la prueba definitiva de que los mocktails comenzaron a desarrollar una identidad propia está en el precio. Una bebida sin alcohol bien elaborada ya no necesariamente cuesta lo mismo que un refresco.
Puede parecer extraño pagar por un coctel que no contiene el ingrediente que normalmente asociamos con buena parte de su precio. Pero un mocktail puede requerir preparaciones propias, frutas, infusiones, jarabes, ingredientes fermentados o alternativas comerciales a los destilados, además del mismo trabajo de barra necesario para preparar otras bebidas.
En otras palabras, ya no se está cobrando únicamente por los mililitros de alcohol dentro del vaso, sino por la bebida completa y la experiencia alrededor de ella.
No todo tiene que llamarse mocktail
Hasta el nombre está cambiando. “Mocktail” nació de combinar mock y cocktail, algo parecido a un “coctel de imitación”. Pero algunas barras y marcas prefieren hablar simplemente de cocteles sin alcohol, bebidas 0.0 o incluirlos directamente dentro de la carta sin tratarlos como una categoría inferior.
La evolución recuerda a lo ocurrido con otros productos. Una hamburguesa vegetariana dejó de resultar interesante únicamente porque no llevaba carne cuando comenzaron a aparecer propuestas que podían defenderse por su propio sabor. Con las bebidas sucede algo parecido: la verdadera prueba es que alguien quiera pedirlas aunque también pudiera elegir alcohol.
Una noche ya no tiene que medirse en copas
La oferta sin alcohol todavía representa una parte mucho menor del mercado que las bebidas tradicionales, pero su crecimiento sugiere un cambio interesante en nuestras costumbres.
No necesariamente estamos presenciando el final del coctel, la cerveza o la copa de vino. De hecho, los datos muestran que muchos consumidores de bebidas sin alcohol continúan comprándolos.
Lo que está desapareciendo poco a poco es otra idea: que para participar plenamente de una salida hay que beber alcohol.
El bar sigue ahí, también la música, la conversación, la cena y el brindis. La diferencia es que ahora puede haber muchas más cosas dentro del vaso.