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03 de ago de 2026
El ébola volvió a los titulares por un brote en África central, pero no se transmite por el aire ni representa el mismo riesgo en todos los países. Te explicamos sus síntomas, formas de contagio y la situación en México.
Un brote causado por el virus Bundibugyo continúa extendiéndose en la República Democrática del Congo. Hasta el 30 de julio de 2026, la Organización Mundial de la Salud había registrado 3,605 casos confirmados y 1,587 fallecimientos en cinco provincias del país.
La OMS lo considera el brote de ébola más grande registrado hasta ahora en la República Democrática del Congo. Las cifras pueden cambiar conforme avanzan la vigilancia epidemiológica y las pruebas de laboratorio.
El ébola es una enfermedad infecciosa poco frecuente, pero grave, que puede afectar a seres humanos y otros primates. Aunque solemos hablar del “virus del ébola” como si fuera uno solo, existen distintas especies capaces de causar enfermedad, entre ellas los virus Zaire, Sudán y Bundibugyo.
El primer brote conocido fue identificado en 1976 cerca del río Ébola, en lo que actualmente es la República Democrática del Congo. Desde entonces, la mayoría de los brotes se ha presentado en países del África subsahariana.
El virus se transmite mediante el contacto directo con la sangre o los fluidos corporales de una persona enferma, como saliva, vómito, orina, heces, sudor, leche materna, semen o fluidos vaginales.
También puede transmitirse al tocar agujas, ropa de cama, instrumentos médicos u otros objetos contaminados, así como por el contacto con animales infectados o con el cuerpo de una persona fallecida por la enfermedad.
El ébola no se transmite por el aire ni por estar cerca de una persona sin tener contacto con sus fluidos. Además, alguien infectado no puede contagiar la enfermedad antes de presentar síntomas.
El periodo de incubación puede durar entre 2 y 21 días. Los primeros síntomas suelen aparecer de manera repentina e incluyen:
Conforme avanza la enfermedad pueden presentarse vómito, diarrea, dolor abdominal, erupciones en la piel y alteraciones en el funcionamiento del hígado o los riñones.
Aunque las hemorragias internas o externas son uno de sus síntomas más conocidos, no aparecen en todos los pacientes y generalmente ocurren en etapas más avanzadas.
Los síntomas iniciales pueden confundirse con los de otras enfermedades, como malaria, fiebre tifoidea o meningitis. Por eso, el diagnóstico solo puede confirmarse mediante pruebas de laboratorio, generalmente a partir de una muestra de sangre.
El historial de viaje y el posible contacto con una persona enferma son fundamentales para determinar si existe una exposición real al virus.
No. La tasa de mortalidad promedio de los brotes registrados ha sido cercana al 50%, aunque históricamente ha variado entre 25% y 90%, dependiendo del virus involucrado, las condiciones del brote y la atención médica disponible.
Recibir atención temprana aumenta considerablemente las posibilidades de sobrevivir. La hidratación, el equilibrio de electrolitos, el control de la presión arterial y el tratamiento de otros síntomas pueden marcar una gran diferencia.
Actualmente existen vacunas y tratamientos con anticuerpos autorizados contra la enfermedad provocada por el virus Zaire. Sin embargo, estas herramientas no están aprobadas para todas las variantes.
El brote actual está provocado por el virus Bundibugyo, para el cual todavía no existe una vacuna o tratamiento específico autorizado. Por ello, la atención se concentra en los cuidados intensivos de soporte, el aislamiento de pacientes, el rastreo de contactos y la prevención de nuevas infecciones.
La evaluación publicada por la Organización Panamericana de la Salud el 18 de junio de 2026 clasificó como bajo el riesgo relacionado con este brote para la región de las Américas.
La información pública más reciente de la Secretaría de Salud, difundida el 26 de mayo, señalaba que México no tenía casos confirmados y que el riesgo de propagación en el país era muy bajo. Las autoridades reforzaron la vigilancia epidemiológica y los protocolos para identificar posibles casos importados.
Una persona que haya estado en una región con transmisión activa debe vigilar su salud durante los 21 días posteriores a su regreso.
Si durante ese periodo presenta fiebre, dolor muscular, vómito, diarrea u otros síntomas, debe evitar el contacto cercano con otras personas y solicitar atención médica de inmediato. Es importante avisar previamente al servicio de salud y mencionar tanto el viaje como cualquier posible exposición.
Para la mayoría de la población en México, el riesgo continúa siendo bajo. La clave está en informarse con fuentes oficiales y recordar que el ébola requiere un contacto directo con fluidos infectados: no se propaga como la influenza o el COVID-19.