Fiestas patrias para niñas y niños: ideas para contar la Independencia sin aburrirlos

Explicar la Independencia puede empezar con una campana, un mapa y una receta casera. Reunimos ideas sencillas para que niñas y niños entiendan el proceso, pregunten y celebren sin sentir que la historia es una tarea pesada para la familia.

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Hay una forma muy fácil de hacer que una niña o un niño desconecte de la historia: empezar con una lista de fechas y terminar con un “porque así pasó”. La Independencia puede contarse de otra manera, con preguntas, pistas y cosas que ya forman parte de su mundo. No se trata de disfrazar el pasado, sino de abrirle una puerta.

La historia empieza con una pregunta

En lugar de arrancar con una explicación larga, prueba con algo cercano: ¿qué harías si las reglas de tu comunidad fueran injustas y nadie pudiera cambiarlas? La pregunta no busca que den una respuesta perfecta. Sirve para hablar de libertad, acuerdos y desacuerdos antes de entrar a los nombres y las fechas.

Después puedes contarles la idea central en pocas palabras: en 1810 comenzó una lucha en la Nueva España y en 1821 se consumó la Independencia. Entre ambos años hubo once años de guerra, cambios de planes y muchas personas involucradas. La historia no fue una escena de una sola noche.

El reto de las tres pistas

Estas son sugerencias para hacer en casa. No son actividades oficiales y pueden adaptarse a la edad, el tiempo y los intereses de cada familia.

  1. Pista del calendario. Escriban 1810 y 1821 en dos hojas. Pidan a las niñas y los niños que dibujen una flecha entre ambas y expliquen qué significa empezar algo y qué significa terminarlo.
  2. Pista de la campana. Dibujen una campana y conversen sobre lo que significa convocar a una comunidad. Aclaren que no conocemos con certeza cada palabra del llamado de Hidalgo, porque no existe una transcripción exacta hecha en ese momento.
  3. Pista del mapa. Ubiquen Dolores, Atotonilco y la Ciudad de México. La idea es seguir un recorrido, no memorizar carreteras. Pueden marcar cada lugar con un color y contar qué pasó ahí.

No fue una historia de un solo héroe

El relato escolar suele poner a Miguel Hidalgo al centro, pero el proceso también involucró a Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Ignacio Allende, José María Morelos y a miles de personas que apoyaron, combatieron, transportaron mensajes o intentaron sobrevivir a la guerra.

El INAH tiene materiales que recuperan la participación del pueblo, las mujeres y las infancias. Contarlo así ayuda a que niñas y niños entiendan que la historia no la hacen únicamente los personajes de los retratos. También la construyen quienes aparecen poco en los libros y quienes sostienen una comunidad en momentos difíciles.

Una receta también cuenta una historia

Elijan un platillo que suela aparecer en su casa durante septiembre, puede ser pozole, tamales, sopes, tostadas o una receta propia de su región. Mientras lo preparan, hagan tres preguntas: ¿quién nos enseñó a hacerlo?, ¿qué ingredientes vienen de nuestra comunidad? y ¿qué cambia cuando lo cocina otra familia?

La actividad no necesita una respuesta histórica exacta. Su objetivo es mostrar que las tradiciones se transforman, viajan y se quedan en la memoria. También es una buena oportunidad para hablar de porciones, desperdicio y de celebrar con lo que ya hay en casa, sin convertir la fiesta en una competencia de compras.

Una lotería de preguntas, no de respuestas

Armen tarjetas con palabras como libertad, comunidad, campana, mapa, comida, música, mujeres y memoria. En cada turno, quien saque una tarjeta debe hacer una pregunta sobre esa palabra. Por ejemplo: ¿qué canción representa a nuestra familia?, ¿qué significa ser parte de una comunidad? o ¿por qué una bandera puede tener distintos significados?

Si una respuesta no sale, no pasa nada. Una de las mejores lecciones de historia es aprender a decir “no lo sé todavía” y buscarlo en una fuente confiable. El Museo del Caracol del INAH, pensado principalmente para niñas, niños y jóvenes, usa dioramas, maquetas, videos y otros recursos para acercar la historia a públicos no especializados.

Celebrar también es cuidar

No todas las niñas y los niños disfrutan los lugares llenos, el ruido fuerte o la pirotecnia. Una celebración amable puede ser ver el Grito desde casa, preparar una playlist familiar, hacer un mural con papel reutilizado o contar una historia antes de la cena. La idea es que la fiesta tenga espacio para la curiosidad, pero también para el descanso.

Cuando la Independencia se cuenta con preguntas, sabores y voces distintas, deja de ser una tarea que hay que repetir y se convierte en una conversación. Y una conversación familiar, a veces, es la forma más bonita de mantener viva la historia.


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