Tecnología
El destino de tu vida digital: qué ocurre con tus cuentas cuando mueres
12 de ago de 2026
Correr, leer, tejer, jugar ajedrez o cenar con desconocidos. Los clubes alrededor de un hobby están ganando terreno como una nueva forma de conocer gente, salir de casa y construir comunidad fuera de las redes.
Durante mucho tiempo, buena parte de la vida social adulta parecía seguir un guion bastante conocido: quedar para tomar algo, ir a cenar, encontrarse en un bar o terminar la noche en algún lugar con música. Nada de eso ha desaparecido, pero alrededor está creciendo otra forma de hacer planes.
Running clubs que terminan tomando café, grupos que se reúnen a leer en silencio, talleres de cerámica, noches de juegos de mesa, clubes de ajedrez, reuniones para tejer y cenas donde varias personas llegan sin conocerse. El punto de encuentro sigue siendo social, pero ahora existe algo que hacer además de conversar.
Y no parece una moda limitada a unas cuantas cuentas de TikTok. Un estudio de Eventbrite sobre adultos de entre 18 y 35 años encontró que el 95% estaba interesado en llevar alguno de sus intereses digitales a experiencias presenciales. En su plataforma, los eventos relacionados con running crecieron 130%, mientras las reuniones de juegos de mesa aumentaron ocho veces entre 2023 y 2024.
Probablemente el ejemplo más visible sean los clubes para correr. Lo que antes podía ser simplemente un grupo de entrenamiento se convirtió en un punto de reunión que mezcla ejercicio, café, amistad y, en algunos casos, hasta citas.
Los datos de Strava muestran la magnitud del fenómeno. Durante 2025, la creación de nuevos clubes en la plataforma casi se cuadruplicó hasta alcanzar un millón de comunidades. Los clubes de running crecieron 3.5 veces y los eventos organizados por clubes aumentaron 1.5 veces respecto al año anterior.
Hay algo especialmente práctico en el formato: no necesitas ser el mejor corredor del grupo para tener un motivo para asistir. Existe una ruta, un horario y una actividad que rompe el hielo antes de que alguien tenga que pensar en cómo iniciar una conversación con un desconocido.
De hecho, Strava encontró que la generación Z utiliza el ejercicio como una vía para conocer personas con intereses similares en mayor proporción que generaciones anteriores. Es decir, para algunos el entrenamiento dejó de ser únicamente el objetivo: también es la excusa para encontrarse.
El mismo patrón aparece en actividades mucho más tranquilas. Los clubes de lectura han recuperado popularidad, pero ahora pueden adoptar formatos muy distintos al tradicional grupo que se reúne a comentar una novela.
Existen clubes de lectura silenciosa donde cada persona lleva su propio libro, reuniones especializadas en géneros específicos y encuentros que combinan literatura con café, vino, caminatas o incluso running. También ocurre con actividades que durante años se imaginaron como pasatiempos individuales: bordar, pintar, hacer joyería o trabajar con cerámica.
Según los datos recopilados por Eventbrite, los eventos de fabricación de joyería crecieron 34% y los de crochet 44%. Las cenas pequeñas y talleres relacionados con comida también avanzaron 35% en la plataforma.
La gracia está precisamente en que no es necesario llegar con un grupo de amigos. Compartir una actividad ofrece un tema de conversación desde el primer minuto y reduce esa sensación de entrar solo a un lugar lleno de personas que ya se conocen.
También resulta curioso que muchas de estas comunidades no estén rechazando internet. Al contrario: nacen ahí.
Instagram, TikTok, Strava, WhatsApp y otras plataformas funcionan como el tablero donde se descubre el grupo, se consulta la próxima reunión y se confirma asistencia. La diferencia es que la interacción no termina en la pantalla.
Eventbrite incluso ha utilizado el término “fourth spaces” para describir encuentros que convierten intereses desarrollados en línea en comunidades presenciales. En su encuesta, el 84% de quienes habían asistido a eventos organizados alrededor de un interés aseguró haber desarrollado amistades cercanas a partir de ellos.
No se trata, entonces, de borrar las redes de nuestra vida social, sino de utilizarlas como puerta de entrada hacia algo que ocurre fuera de ellas.
Detrás de los clubes también hay una necesidad menos visible: encontrar espacios para convivir fuera de la casa y el trabajo.
Durante años, sociólogos y urbanistas han hablado de los llamados “terceros lugares”: cafeterías, parques, plazas, bibliotecas, bares y otros sitios donde las personas pueden encontrarse informalmente. Pero el trabajo remoto, las rutinas cada vez más individualizadas y buena parte de nuestra vida trasladada a las pantallas han cambiado la manera en que llegamos a esos espacios.
La Organización Mundial de la Salud advirtió en 2025 que la soledad y el aislamiento social son problemas extendidos con consecuencias relevantes para la salud y el bienestar, y pidió considerar la conexión social como una parte importante de una sociedad saludable.
Un club no va a resolver por sí solo el problema de la soledad. Pero sí ofrece algo que muchas relaciones adultas necesitan para comenzar: coincidencia. Saber que todos estarán el martes a las siete corriendo cinco kilómetros, comentando un libro o aprendiendo a hacer una taza de barro.
Quizá por eso estas comunidades funcionan incluso cuando la actividad parece demasiado específica. No todo mundo sueña con mejorar su marca en cinco kilómetros, convertirse en experto en ajedrez o dominar el crochet.
Lo atractivo puede estar simplemente en tener un lugar al cual regresar cada semana y reconocer algunas caras. La repetición convierte desconocidos en conocidos y, eventualmente, algunos de esos conocidos pueden convertirse en amigos.
Eso tampoco significa que el antro, el bar o la cena con amigos estén en peligro de extinción. Más bien, el menú de opciones sociales se está haciendo más amplio: podemos conocer a alguien bailando a medianoche, pero también corriendo a las siete de la mañana o intentando hacer un cenicero de cerámica un sábado por la tarde.
Al final, tal vez el verdadero regreso no sea el de los clubes, porque nunca desaparecieron por completo. Lo que está volviendo es algo mucho más sencillo: la idea de reunirnos regularmente con otras personas solo porque nos gusta hacer algo juntos.