Un estadio sustentable no se mide por cuántos paneles solares presume. Energía, agua, residuos y cómo llega la gente al partido también cuentan. En México, el Estadio Banorte ya tiene una certificación que abre una conversación más amplia.
Un estadio puede aprovechar el sol y, aun así, consumir mucha energía en iluminación, climatización, pantallas y días de evento. También necesita pensar qué pasa con el agua, los vasos y empaques, la comida que sobra y los traslados de miles de asistentes. La sustentabilidad se parece menos a un accesorio y más a una operación diaria que se tiene que medir.
Qatar 2022 deja una pista útil: FIFA reportó que los ocho estadios recibieron certificación GSAS por diseño y construcción, pero solo seis obtuvieron después una certificación de operación. Para esta última se necesitó un año de datos reales sobre energía, agua, residuos y calidad del aire. La diferencia importa: planear bien es el principio; comprobar qué ocurre cuando hay partidos completa la historia.
En ese Mundial, FIFA calculó que los estadios fueron alrededor de 42% más eficientes en energía y usaron cerca de 40% menos agua frente a códigos técnicos de referencia. No significa que consumieran eso menos que cualquier otro estadio del mundo, pero sí muestra por qué los resultados necesitan una línea base clara. El mismo informe registró que 77% de los residuos generados durante la operación de los estadios fue reciclado o compostado. Eso no equivale a decir que se dejó de producir ese volumen de basura.
El Estadio Banorte, antes Azteca, aparece en el directorio de USGBC con una certificación LEED Platinum para operación y mantenimiento de edificios existentes. Es un logro relevante, pero la ficha consultada no desglosa por sí sola cuánta energía o agua ahorra el recinto ni el volumen de residuos que desvía. Una certificación es una señal de trabajo, no un certificado de impacto cero.
El siguiente paso, para cualquier estadio, es publicar indicadores comparables y repetir la medición: cuánta energía consume por partido, qué proporción viene de fuentes renovables, cuánta agua reutiliza, qué termina en relleno sanitario y cuántas personas llegan en transporte público. Así, la afición también puede ver qué parte de un partido ayuda a cuidar el lugar donde se juega.