¿Pincel o algoritmo? El dilema legal y creativo de las obras hechas con IA

Si una IA genera una imagen, ¿quién cobra los derechos? Exploramos la polémica detrás de Midjourney, los juicios de propiedad intelectual y por qué el mundo del arte contemporáneo está dividido entre la resistencia y la adopción digital.

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El vacío legal del "Prompt"

El debate estalló cuando plataformas como Midjourney y DALL-E permitieron que cualquier persona creara imágenes hiperrealistas en segundos. El problema central radica en la autoría: las oficinas de derechos de autor, principalmente en EE. UU., han dictaminado que las obras creadas exclusivamente por IA no pueden ser protegidas por copyright, ya que carecen de "nexo humano" suficiente. El artista ya no mueve el pincel, sino que escribe instrucciones (prompts).

La rebelión de los artistas tradicionales

La polémica no es solo legal, es ética. Gran parte del entrenamiento de estos algoritmos se realizó utilizando millones de imágenes de artistas vivos sin su consentimiento. Esto ha derivado en demandas colectivas que acusan a Midjourney de ser una "máquina de collage" sofisticada. Sin embargo, defensores del medio argumentan que la IA es solo una herramienta, tal como lo fue la cámara fotográfica en su momento, que también fue rechazada por los pintores del siglo XIX.

¿Amenaza o nueva vanguardia?

En espacios como Feria Material, el uso de tecnología no es nuevo, pero la IA generativa plantea un reto distinto: el valor de la escasez. Si una máquina puede generar mil variaciones de una idea, ¿qué hace que una obra sea única? Algunos curadores sugieren que el valor ya no residirá en la ejecución técnica, sino en la curaduría del concepto y en la capacidad del artista para "hackear" el algoritmo y obtener resultados que una máquina no pensaría por sí sola.

El futuro: Hibridación

Más allá de la sustitución, estamos viendo una era de colaboración. Artistas contemporáneos están utilizando Midjourney para bocetar ideas complejas que luego ejecutan físicamente, o integran procesos generativos dentro de instalaciones multimedia. La pregunta ya no es si es arte, sino cómo cambia nuestra definición de "creador" cuando el código se convierte en el colaborador creativo.

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