De la estampita al tesoro: el negocio detrás de los coleccionables futboleros

Una estampa, una tarjeta o una camiseta firmada puede guardar una gran historia, pero no necesariamente una ganancia. Revisamos qué mueve el precio de los coleccionables futboleros y cuándo la nostalgia se vuelve una compra de alto riesgo.

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Cada gran fiesta futbolera trae consigo dos competencias. Una ocurre sobre la cancha; la otra, en tiendas, grupos de intercambio, plataformas de reventa y mesas llenas de estampas repetidas.

Álbumes, tarjetas, balones, boletos, camisetas y figuras se convierten en recuerdos de una época. Algunos cuestan apenas unos pesos y otros alcanzan cifras millonarias. Sin embargo, entre ambos extremos existe una pregunta importante: ¿estamos comprando un recuerdo o realizando una inversión?

La fiebre comienza con una estampa

Completar un álbum sigue siendo una de las tradiciones más populares alrededor del fútbol. La colección de selecciones lanzada para la fiesta deportiva de este año incluye 980 estampas, una cantidad que convierte la búsqueda en un proyecto de varias semanas, muchos intercambios y, en algunos casos, un gasto considerable.

Comprar paquetes puede parecer económico al principio, pero las estampas repetidas aumentan conforme avanza la colección. Por eso, intercambiar con otras personas suele ser más eficiente que intentar terminar el álbum únicamente abriendo sobres.

Aun así, completar una colección no significa que esta aumentará de valor. La mayoría de las estampas comunes tiene un precio de reventa reducido, especialmente cuando existen millones de ejemplares en circulación.

¿Por qué algunos objetos cuestan millones?

El valor de un coleccionable no depende solamente del jugador que aparece en él. También influyen su historia, escasez, estado físico, autenticidad y la cantidad de compradores dispuestos a competir por la pieza.

Un ejemplo ayuda a dimensionar el mercado. La camiseta utilizada por Diego Maradona durante el célebre partido de Argentina contra Inglaterra en 1986 se vendió por 9.2 millones de dólares en 2022. Este junio, el balón de aquel mismo encuentro salió a subasta con un precio inicial de 2.5 millones de dólares.

No se trata únicamente de objetos relacionados con una estrella. Son piezas vinculadas con un momento irrepetible, documentadas y reconocidas dentro de la historia del deporte. Esa combinación es muy difícil de replicar.

Los cinco factores que pueden elevar el precio

1. Escasez

Una pieza producida en millones de unidades difícilmente tendrá el mismo comportamiento que una edición limitada, una tarjeta numerada o un objeto utilizado durante un partido.

Sin embargo, “antiguo” no siempre significa “escaso”. Algunos productos de décadas pasadas continúan siendo fáciles de encontrar porque fueron fabricados en grandes cantidades.

2. Estado de conservación

En tarjetas y estampas, pequeños detalles pueden cambiar considerablemente una valuación. Las esquinas, el centrado de la imagen, la superficie, los bordes, las manchas, los dobleces y la decoloración son revisados por empresas especializadas.

Una misma tarjeta puede tener precios muy diferentes dependiendo de su calificación. Por eso, guardarla en una funda adecuada y protegerla de la humedad o la luz directa no es un detalle menor.

3. Autenticidad

Las firmas de deportistas famosos son relativamente fáciles de copiar. También existen camisetas, tarjetas y recuerdos acompañados de historias imposibles de comprobar.

Una carta de autenticidad, una certificación independiente o fotografías que documenten el origen pueden darle mayor confianza al comprador. Una firma sin respaldo quizá sea genuina, pero el mercado normalmente paga menos por la incertidumbre.

4. Procedencia

La procedencia es la cadena de propiedad de un objeto: quién lo tuvo, cómo lo consiguió y qué documentos permiten seguir su historia.

En artículos utilizados durante partidos, esta información puede ser tan importante como el objeto mismo. Una camiseta acompañada de imágenes, testimonios o registros confiables suele tener mayor valor que otra aparentemente idéntica sin documentación.

5. Demanda

La escasez no sirve de mucho cuando nadie desea comprar. El valor también depende de la popularidad del jugador, la importancia del momento y las tendencias del mercado.

Una buena actuación puede disparar temporalmente el interés por determinadas tarjetas. El problema es que la emoción también puede desaparecer cuando termina el torneo, cambia la conversación o surge una nueva estrella.

Precio publicado no significa precio real

En plataformas de reventa es común encontrar objetos anunciados por miles de pesos. Eso no demuestra que alguien esté dispuesto a pagar esa cantidad.

Para conocer mejor el mercado conviene revisar ventas ya concretadas, no solamente publicaciones activas. También deben considerarse las comisiones de la plataforma, los gastos de certificación, el envío, el seguro y el tiempo que podría tomar encontrar un comprador.

Un artículo valuado en 10,000 pesos no representa necesariamente una ganancia de 10,000 pesos. El costo original y todos los gastos relacionados con la venta deben restarse antes de hablar de rendimiento.

Un semáforo antes de comprar

Luz verde: te gusta la pieza, puedes pagarla sin endeudarte y estarías contento conservándola aunque nunca aumente de precio.

Luz amarilla: el vendedor promete que su valor “seguramente” crecerá, pero no muestra ventas comparables, certificaciones ni información sobre su procedencia.

Luz roja: necesitas utilizar crédito, el precio se apoya únicamente en la emoción del momento o alguien te ofrece rendimientos garantizados.

Primero recuerdo, después inversión

Los coleccionables pueden aumentar de valor, pero no producen intereses, no reparten utilidades y pueden tardar años en encontrar comprador. Tampoco existe garantía de que la siguiente generación quiera pagar por los mismos jugadores u objetos.

La forma más sensata de entrar en este mercado es comprar aquello que realmente se desea conservar, establecer un presupuesto y considerar cualquier incremento futuro como una posibilidad, no como una promesa.

Una estampa puede convertirse en un tesoro. Pero incluso cuando no lo hace, todavía puede cumplir la función más importante de un coleccionable: recordar un gol, una tarde y a las personas con quienes se compartió la emoción.


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