¿Nuevo haciendo ejercicio? No empieces así

Empezar con demasiada intensidad, copiar una rutina ajena o ignorar el descanso puede convertir la motivación en abandono. Estos son algunos de los errores más frecuentes al comenzar a hacer ejercicio y cómo evitarlos.

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El primer día llega con tenis nuevos, playlist preparada y ganas de recuperar en una tarde todo el ejercicio que no hicimos durante meses. El problema es que el cuerpo suele tener otros planes.

Comenzar una rutina es una excelente decisión, pero querer avanzar demasiado rápido puede volverla difícil de sostener. La propia Organización Mundial de la Salud recuerda una idea bastante más amable: cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna y es posible aumentar gradualmente hasta alcanzar las recomendaciones.

1. Querer recuperar el tiempo perdido

Pasar de prácticamente ninguna actividad a entrenamientos intensos todos los días no es requisito para obtener beneficios. Para una persona que comienza, aumentar poco a poco la duración, frecuencia o intensidad permite que el cuerpo se adapte y facilita convertir el ejercicio en un hábito.

En lugar de pensar “tengo que entrenar una hora”, puede ser más útil comenzar con sesiones manejables y construir a partir de ellas.

2. Copiar la rutina de alguien más

La rutina del amigo que lleva cinco años levantando pesas o la del creador fitness que aparece en redes no necesariamente corresponde al nivel de una persona principiante. El entrenamiento debe considerar experiencia, condición física, objetivos y posibles limitaciones individuales.

Esto es especialmente importante cuando existen lesiones previas, enfermedades crónicas o síntomas que aparecen al hacer ejercicio. En esos casos puede ser necesario consultar con un profesional de la salud antes de aumentar la intensidad.

3. Pensar que si no duele, no funcionó

Sentir agujetas o dolor muscular después de una actividad nueva puede ocurrir, pero terminar destruido no es una medida de la calidad de un entrenamiento. La meta debería ser generar un estímulo que el cuerpo pueda recuperar y repetir.

Dolor intenso, mareo, falta de aire fuera de lo esperado o molestias que empeoran no deberían considerarse una insignia de esfuerzo. Hay una diferencia entre cansarse y forzar al cuerpo más allá de lo razonable.

4. Olvidarse del descanso

El progreso no sucede únicamente mientras hacemos ejercicio. El descanso permite recuperarse entre sesiones y es especialmente importante cuando se realizan ejercicios de fuerza.

Alternar grupos musculares, variar la intensidad o incluir días de actividad más ligera puede ser más sostenible que intentar entrenar al máximo todos los días.

5. Buscar resultados inmediatos

La báscula, el espejo o el reloj inteligente pueden hacer que parezca que cada entrenamiento necesita producir un resultado visible. Sin embargo, crear condición física toma tiempo. Antes de una transformación espectacular pueden llegar otros cambios: caminar más sin cansarse, levantar un poco más de peso o simplemente lograr entrenar con regularidad.

La constancia le gana al arranque perfecto

Para los adultos, la OMS recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Pero también subraya que hacer algo es mejor que no hacer nada.

En otras palabras, no necesitas comenzar como atleta. Necesitas comenzar de una manera que te permita volver mañana.


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