¿Es justo el futbol? Si nos basamos en la historia de los Mundiales, la respuesta es un rotundo no. Hay selecciones legendarias que marcaron épocas enteras, revolucionaron el juego, pero se quedaron a un paso de la gloria eterna.
Hablar de genialidad sin recompensa máxima es hablar, inevitablemente, de los Países Bajos. En el Mundial de Alemania 1974, la selección dirigida por Rinus Michels y comandada en la cancha por el eterno Johan Cruyff cambió el deporte para siempre. Inventaron el "Futbol Total", un estilo donde ningún jugador tenía una posición fija y la presión alta asfixiaba al rival. Aunque llegaron a tres finales en su historia (1974, 1978 y 2010), la copa siempre les fue esquiva. Sin embargo, su legado táctico es más recordado y estudiado que el de muchos que sí levantaron el trofeo.
Antes del dominio de Pelé o la magia de Maradona, existió un equipo que aterrorizó a Europa: la Hungría de Ferenc Puskás y Sándor Kocsis. Los "Magos Magiares" llegaron al Mundial de Suiza 1954 con una racha invicta de cuatro años y habiendo goleado 8-3 a Alemania Occidental en la fase de grupos. Nadie dudaba de su corona. Pero en la final, conocida históricamente como "El Milagro de Berna", los alemanes remontaron un 2-0 en contra para ganar 3-2. Una de las mayores injusticias de la historia del balompié que dejó al mejor equipo de la década sin recompensa.
En la era moderna, selecciones como Bélgica y Croacia han rozado la inmortalidad. La "Generación de Oro" belga con Eden Hazard, Kevin De Bruyne y Romelu Lukaku alcanzó el tercer puesto en 2018 desplegando un futbol espectacular, pero les faltó ese último impulso competitivo en los momentos cumbre. Por otro lado, la resiliencia de Croacia, liderada por el eterno Luka Modrić, los llevó al subcampeonato en 2018 y al tercer lugar en 2022. Países pequeños en territorio, pero gigantes en el alma futbolística que merecen un lugar en el olimpo.