Murió Dóra Maurer, figura central del arte conceptual húngaro

La pintora, grabadora y cineasta húngara Dóra Maurer falleció el 14 de febrero en Budapest a los 88 años. Fue una de las voces más originales del neoavanguardismo europeo y referente del arte conceptual y geométrico del siglo XX.

|
Twitter Facebook Whatsapp
properties.alt

 

Una vida dedicada al movimiento y la forma

Nacida en Budapest el 11 de junio de 1937, Dóra Maurer creció sola con su madre —su padre, cartógrafo, murió seis meses antes de que ella naciera— en medio de la Segunda Guerra Mundial y luego bajo el régimen comunista húngaro. Desde niña copió ilustraciones de libros, un hábito que cultivó su sensibilidad visual. Estudió artes gráficas en la Academia de Bellas Artes de Hungría, donde se graduó en 1961.

Del grabado a la experimentación total

Comenzó su carrera como grabadora, disciplina que moldeó su pensamiento analítico: el énfasis en la secuencia, el espejo y la variación serial se convirtieron en el lenguaje de toda su obra posterior. A finales de los años sesenta amplió su práctica hacia la fotografía, el cine experimental, la performance y la pintura. Su matrimonio en 1967 con el artista austriaco Tibor Gáyor le permitió viajar entre Budapest y Viena, lo que le dio una perspectiva única sobre ambos lados del Telón de Acero.

Los años setenta: su década más prolífica

La década de 1970 fue su momento más fértil. Produjo algunas de sus obras más icónicas: Quasi-images (1970–73), la serie Reversible and Changeable Phases of Movement (1970s) —fotografías de acciones cotidianas que podían leerse de izquierda a derecha o al revés— y Seven Twists (1979). También realizó películas experimentales en el Estudio Béla Bálász de Budapest, explorando el tiempo y la simultaneidad. Una de sus piezas más recordadas, What Can One Do with a Paving Stone? (1971), la muestra acariciando, cargando y arrojando un adoquín, en un gesto que muchos leyeron como político, aunque ella siempre rechazó esa lectura.

Arte bajo censura

Maurer trabajó en un ambiente de restricción ideológica, donde el Estado controlaba qué arte podía mostrarse. Sin acceso a galerías independientes, organizó exposiciones en espacios no oficiales y participó del circuito underground húngaro. Sin embargo, insistió toda su vida en que su obra no era política: "Esas interpretaciones reflejan las condiciones históricas en que fue producida", solía decir. Su práctica estaba guiada por la geometría, los sistemas matemáticos y la percepción, no por la disidencia explícita.

Docente y referente de generaciones

Desde 1990 enseñó en la Academia de Bellas Artes de Hungría, donde llegó a ser profesora titular. Su aula fue, según quienes la frecuentaron, un espacio de libertad intelectual dentro de un sistema académico rígido. Formó a varias generaciones de artistas húngaros e influyó en la consolidación del arte conceptual centroeuropeo a nivel internacional. Desde 2017 presidía la Academia Széchenyi de Literatura y Artes, que confirmó su fallecimiento.

Reconocimiento tardío, pero contundente

El reconocimiento internacional llegó relativamente tarde. Su participación en la Bienal de Estambul de 2011 abrió las puertas a una atención global que ella recibió con incomodidad: "No quiero ser una estrella. No soy de ese tipo", declaró en 2012. Aun así, en 2019 tuvo una exposición individual en el Tate Modern de Londres. En Hungría fue galardonada con el Premio Kossuth en 2003 y en 2021 recibió el título de Artista de la Nación, uno de los máximos reconocimientos culturales del país.

Un legado abierto

Dóra Maurer demostró durante más de cinco décadas que la abstracción geométrica es un lenguaje vivo, capaz de renovarse a través de la experimentación rigurosa. Su obra —que atraviesa la gráfica, la fotografía, el cine, la performance y la pintura— permanece como un punto de referencia para quienes buscan entender el movimiento, el tiempo y el espacio a través del arte. Tenía 88 años.

Artículos relacionados