En los últimos cinco años, el cine y las series han puesto sobre la mesa temas que antes eran impensables en pantalla grande. Estas son las producciones que marcaron un antes y un después.
El feminismo lleva décadas presente en el cine, pero algo cambió en los últimos cinco años. Las historias dejaron de ser únicamente sobre superación individual para volverse más incómodas, más radicales y más honestas. Aquí, una selección de producciones que redefinieron la conversación.
Nadie esperaba que la película de Greta Gerwig sobre la muñeca más famosa del mundo se convirtiera en uno de los análisis más accesibles del patriarcado en la historia del cine mainstream. Con humor, color y un monólogo que hizo llorar a millones, Barbie logró que el feminismo llegara a audiencias que quizás nunca habían usado esa palabra. Su impacto cultural fue tan grande que generó debates políticos reales en varios países.
La directora francesa Coralie Fargeat y Demi Moore entregaron una de las películas más perturbadoras y necesarias sobre el edadismo y los estándares de belleza femenina. A través del body horror, La sustancia desmonta de forma brutal la obsesión social con la juventud de las mujeres y el precio que pagan por seguir siendo "deseables". Ganó el Cannes por su guion y se convirtió en un fenómeno de conversación global.
Esta miniserie de Netflix, basada en el libro de memorias de Stephanie Land, narró con una honestidad descarnada la historia de una madre soltera que trabaja como limpiadora para salir de una relación abusiva y sobrevivir con su hija. Más de 67 millones de hogares la vieron en sus primeras cuatro semanas. Además de brillar en pantalla, abrió conversaciones reales sobre violencia doméstica, trabajo precario y los sistemas que fallan a las mujeres más vulnerables.
Basada en hechos reales y en la novela de Miriam Toews, esta película de Sarah Polley sigue a un grupo de mujeres en una comunidad religiosa que descubren que han sido agredidas sexualmente durante años. En lugar de mostrar el trauma, la película se enfoca en algo más radical: la deliberación de las mujeres sobre qué hacer, en un espacio propio, sin hombres que decidan por ellas. Fue nominada al Oscar a Mejor Película.
Aunque se estrenó en 2020, su impacto se sintió con fuerza durante 2021. La historia de Beth Harmon, una prodiga del ajedrez en un mundo dominado por hombres, rompió todos los récords de Netflix para una miniserie. Más allá de la trama, demostró que las historias centradas en mujeres son masivamente consumidas cuando están bien contadas, y le quitó al género masculino el monopolio del "genio solitario".
Dirigida por Natalia Beristáin y disponible en Netflix, esta película mexicana sigue a una madre en la búsqueda incansable de su hija desaparecida en un contexto de violencia sistemática contra las mujeres. Es una de las pocas producciones latinoamericanas que retrata con crudeza la crisis de feminicidios y desapariciones que vive México, y que pone en el centro a una mujer que no se rinde frente a un sistema que sí lo hace.
Más allá de los géneros y los formatos, estas producciones comparten algo fundamental: están hechas mayoritariamente por mujeres, desde directoras hasta guionistas, y colocan el punto de vista femenino en el centro sin pedir permiso. No son historias sobre mujeres hechas para que los hombres las entiendan. Son historias de mujeres contadas por mujeres, para todo el mundo.