Los alimentos ultraprocesados son formulaciones industriales llenas de aditivos que imitan comida real. Identificarlos es vital para tu salud. Más allá del empaque colorido o promesas "fitness", aquí te enseñamos cómo desenmascararlos.
Si al leer la parte trasera del empaque encuentras una lista con más de cinco elementos, es muy probable que estés ante un producto ultraprocesado. Los alimentos reales o mínimamente procesados no necesitan listas interminables para poder conservarse o tener buen sabor.
Busca términos que parezcan sacados de un experimento químico: estabilizantes, emulgentes, potenciadores del sabor, colorantes o edulcorantes artificiales. Nombres como tartrazina, glutamato monosódico o carboximetilcelulosa son señales de alerta definitivas.
La industria suele camuflar el azúcar dividiéndolo en múltiples ingredientes. Revisa si la etiqueta menciona jarabe de maíz de alta fructosa, dextrosa, maltodextrina, sacarosa o cualquier término que termine en "-osa". Si estos aparecen al principio de la lista, es puro azúcar.
Los alimentos frescos terminan echándose a perder porque son naturales. Si un producto de panadería o un snack puede permanecer meses o años en tu alacena sin alterar su aspecto, textura o sabor, es gracias a un pesado cóctel de conservantes industriales.
Los ultraprocesados están formulados para ser irresistibles y saltarse tus mecanismos naturales de saciedad. Si un producto tiene colores fosforescentes, un olor exageradamente intenso o sientes que "no puedes comer solo uno", fue diseñado por ingenieros de alimentos, no por la naturaleza.